El programa de educadores de calle realizó de junio a diciembre de 2018 un total de 5.184 intervenciones con menores y 1.480 con adultos. Por lo que respecta a los menores ingresados en los centros, ya sea de forma directa o a petición de la Policía Local, se contabilizaron 411. La actuación de este grupo, integrado por 6 técnicos y 11 auxiliares, se ha desarrollado en tres zonas diferenciadas, el centro, el Industrial y el Real.

Según consta en la memoria del programa, el programa registró 2.717 intervenciones con menores en la calle y 196 con adultos. Además de llevar a cabo un total de 116 atenciones sanitarias, el equipo atendió 196 llamadas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y participó en 158 intervenciones de los cuerpos policiales.

La mayoría de los jóvenes atendidos tiene entre 16 y 17 años y aseguran que viene a Melilla a “buscarse la vida”, bien de forma voluntaria o alentado por la familia. La principal razón que alegan para rechazar su ingreso en un centro de acogida es que su objetivo es hacer “risky”, es decir, intentar colarse en un barco como polizón para llegar a la península.

El informe señala también que la mayoría de los menores que vive en la calle, entre 85 y 100, tiene problemas de consumo, sobre todo, sustancias volátiles y cannabis, y en menor medida, alcohol, psicotrópicos (karbuki) y anfetaminas.

Los equipos del programa llevan un control del estado, físico y psicológico, de los menores y los derivan o acompañan, si es necesario, a la enfermera del grupo o a los centros sanitarios.

El perfil más detectado es el del menor de 17 años que cruza la frontera con documentación y acompañado por uno de sus progenitores con el fin de pasar los últimos meses en Melilla hasta cumplir la mayoría de edad para obtener la documentación.

Vía Cope Melilla